
Agradeciendo de antemano vuestra comprensión. La nueva dirección es:
Os esperamos.



Estimados navegantes habituales y lectores de este blog:
Estoy aquí para explicar con brevedad que el autor de este blog ha desaparecido en extrañas circunstancias. El sábado 24 de Enero, después de escribir su última entrada, realizó varias llamadas teléfonicas (una de ellas a mí) antes de salir a la calle a cumplir una cita previamente acordada y de la que me previno anticipadamente; la persona (o personas) con las que iba a entrevistarse no parecían llevar las mejores intenciones. Pol (omitiré su verdadero nombre por expreso deseo de él) ha estado recibiendo amenazas durante las últimas dos semanas por parte de un desconocido que insistía en que abandonase su investigación, iniciada hace ahora un año, sobre los métodos poco ortodoxos que cierta cadena de televisión ha estado utilizando para mantener audiencias a base de engaños escrupulosamente prediseñados y orquestados desde el interior de sus despachos directivos. Pol ha logrado reunir una ingente cantidad de material, entre cámaras ocultas y grabaciones personales, que ponían al descubierto a muchos de los ejecutivos de dicha cadena; entre ellos, famosos presentadores y colaboradores.
Acudí a su piso de la calle Barcelona, en Madrid, ese mismo sábado a las tres de la madrugada. Nadie respondió, a pesar de que él me aseguró que estaría esperando mi llegada. Cuando finalmente conseguí entrar al piso al día siguiente pude comprobar cómo el lugar había sido asaltado brutalmente. No quedaba un solo mueble en pie. Su móvil y su portatil habían sido golpeados y Pol no se ha puesto en contacto conmigo ni con nadie de su entorno desde entonces. Sus maletas también han desaparecido, lo que me permite albergar un poco de esperanza al respecto y reservar mis peores sospechas hasta nuevo aviso.
No puedo ni debo continuar este blog en su nombre, así que me he propuesto continuar uno propio junto a otra persona de confianza. Vamos a mudar todo su material a la nueva dirección y proseguir con lo que él había empezado, a modo de catarsis literaria. Supongo que servirá de algo.
http://phyde.blogspot.es/
Pol, estés donde estés, ya sabes cómo hacerlo. Para evitar problemas yo tampoco revelaré mi nombre, aunque sí diré que no estás solo. Te estaremos esperando.
phyde
La sala estaba llena de botellas vacías, vasos de plástico y basuras variadas. Marisa llegó la primera al enclave, cargada de material de trabajo como siempre. Echó un vistazo. Tomó asiento mientras su iracunda mirada se perdía en el vacío; aquello sólo significaba que quería asesinar a alguien. Mele se asomó por la puerta pero, rápido de reflejos, retrocedió y animó a Oskítar a que pasase primero con la excusa de ir a buscar chicles. Una excelente excusa para él, ya puestos.
- Llegáis tarde - Sentenció Marisa, frunciendo el ceño - Tú y el otro elemento...
- Mele ha ido a por chicles - Se chivó Oskítar, delatando al traidor - Ahora viene...
- No pensarás tomarle como ejemplo - Atajó ella - Meléndez es un impresentable y un inútil. Deberías aprender los atajos, no copiarlos...
Oskítar se sentó frente a su compañera. Marisa estaba diferente; parecía... Sorprendentemente relajada. De repente Oskítar se asustó mucho de haber tenido aquella idea imposible.
- Hace tiempo me dijiste que en la tele sólo trabajaban los inútiles impresentables... Que si quería esto, tenía que ser como ellos. Y eso es lo que procuro...
- Es verdad. Lo dije. Me olvide de los hijos de puta... ¿A esos nunca los mencioné?
La puerta se abrió y entró Richi como una exhalación y una gran sonrisa.
- ¿Cómo estamos hoy? - Gritó - Esto se ha acabado... Joder, menudo final de concurso. ¿Dónde está Mele? Su idea de colgar a Almudena de una cuerda y tirarla desde un sitio alto fue todo un éxito... Barato y cómico. Este hombre tiene una inventiva inagotable...
- ¿Nunca has ido al circo, Richi? - Increpó Marisa - Deberías... Son tan innovadores...
- Bueno, repasemos los fallos... ¿Creéis que alguien notó que Orlando salió por la parte de atrás?
Silencio.
- Pienso que lo más evidente fue que sólo había dos peñas en el plató - Apuntó Oskítar - Incluso antes de cerrar los teléfonos. Pero no creo que nadie lo notase...
- ¿A quién le importa esa mierda, con el ruido que hicieron? - Presumió Richi - Ya lo dije; esto tiene que sonar como los hinchas en el futbol. Orlando contra Iván... Así se montan los tinglados. Y no nos costó un puñetero duro. Estos vinieron gratis a jalear...
Mele apareció con discrección. Trataba de caminar sin llamar la atención pero tropezaba cada dos por tres con sus propios pìes. Richi levantó las manos para abrazarle.
- Pero qué cabronazo eres, Meléndez... - Exclamó - Eres un crack... ¿Sigues borracho?
- De resaca, jefe - Sonrió Mele - He estado de fiesta...
- Ya lo sé, mariconazo - Asintió Richi - Qué números hicimos... Nos salimos. Y fue gracias a tí... ¿A qué otro se le hubiera ocurrido darle dos cubatas a Iván antes de soltarle en el plató? Eres un maestro, Mele. De esta volvemos a montar una granja de famosos y tetonas, verás...
- Hombre; todo el mundo sabe que el alcohol mejora el intelecto - Afirmó Mele, con orgullo - Y el pobre chaval necesitaba entonarse... ¿Viste como se le soltó la lengua?
Richi infló el pecho, visiblemente emocionado por los logros de su alumno más imaginativo.
- Bueno, otra cosa - Empezó Richi, poniéndose serio - Queda preparar el debate. El tema del disolvente irá en primer lugar... Toca defenderse.
- ¿No podemos hacer que Iván se disculpe sin más? - Sugirió Oskítar, ingenuo.
- ¿Disculparse sin más? - Se escandalizó Richi - Eso suena rarísimo... La mejor defensa es un buen ataque. Hay que comerse a la vieja como sea... La Milá tiene que machacarla a conciencia, no dejar que reaccione. Lo del disolvente es una mierda muy gorda y vamos a tener que esforzarnos a fondo... Iván es de la plantilla y sus gilipolleces son las nuestras. Así son las cosas.
- ¿Y por qué no emitimos lo que nos conviene, como siempre? - Insistió Oskítar.
- ¿Y qué te crees, que no lo hemos hecho ya? - Se enfadó Richi - El muy mamón se tiró toda la noche con el bote de los cojones en la mano diciéndole a la vieja que la iba a quemar... Sobra metraje, a cual más patético y vergonzoso. Hemos seleccionado solamente los tramos en los que la vieja sale riéndose; pero ni con esas... Hay que ser imbécil. En fin...
- Se te ve muy quemado con el tema, Richi - Intervino Mele, con una sonrisa - Pero no es para tanto, joder. Yo una vez le hice lo mismo a un colega con un bote de gasolina y nos echamos unas risas... Bueno, tuvieron que vendarle la mano abrasada en urgencias pero, lo que se dice reírnos, nos descojonamos vivos...
Marisa puso los ojos en blanco. Estaba alcanzando un nivel de desesperación antes nunca visto.
- Sería una buena idea llevar al debate a todos los frikis de internet - Apuntó Richi - Oskítar se los conoce bien...
- Nada de eso - Se negó Richi - Aquí viene quien yo digo... Ponemos a los de la casa, que para eso los pagamos. Que suden la camiseta y machaquen públicamente a los enemigos del chico "piquito de oro"... Iván tiene que rendir en Telecinco, no como el Efrén de los cojones. Será traidor desagradecido...
Marisa se puso en pie, enfadada.
- ¿No piensas llamarle, verdad?
Richi se sorprendió.
- ¿De quién hablas, del escritor ese, amigo tuyo?
- Sabes de quién hablo...
- Marisa, Marisa - Se apiadó Richi - Llevas aquí muchos años... Ya sabes cómo coño funciona esto. Te lo he dicho siempre; en esta cadena de televisión, o tienes amigos o vas de culo... Y ambas son premisas literales. Además, tu "adoptado" es un lila... ¿pollastrom? Pero si tiene nombre de imberbe. Y cuenta cosas demasiado sesudas... No entiendo un carajo de lo que escribe.
- No tiene trabajo - Insistió Marisa - Sólo tienes que hacer una puta llamada...
- ¿Y qué coño te ha dado a ti con ese tío?
Marisa resopló antes de gritar como una loca.
- ¡Estoy embarazada, joder!
Transcurrieron unos segundos silenciosos sólo rotos por la masticación del chicle de Mele.
- ¿Embarazada? ¿Y qué pasó con el tío del yate? ¿Has cambiado a un productor de series forrado de pasta por un escritor que no tiene donde caerse muerto? ¿Es que no has aprendido nada conmigo, o qué coño te pasa?
- ¿Estás preñada, Marisa? - Se despertó Mele, de repente - Joder, qué putada...
- Se acabó - Explotó ella - Me voy... Me largo. Hasta aquí hemos llegado. No os aguanto más...
- ¿Cómo que te vas? - Gritó Richi - No puedes irte... Te necesito, Marisa. Eres el sostén de mi cerebro... ¿Qué voy a hacer yo sin ti?
Marisa terminó de enrrollarse el bolso alrededor del cuerpo y se dirigió hacia la puerta.
- Me dijiste que no me implicase pero es demasiado tarde - Exclamó - Abandono. Sabes bien que siempre gana quien tiene que hacerlo para el provecho de la mayoría; no tiene nada que ver con la justicia, la dignidad o el buen fondo. En este asunto ganas tú, Richi. Esto es una tienda de cacharros y la gente los quiere brillantes y ruidosos. Lo sé hace mucho tiempo. No me vendas este trabajo porque no lo quiero... Ya no. Voy a intentar ser honesta. Al menos, quiero probarme a mi misma que soy capaz de decir lo que pienso y no lo que los demás quieren oír. Aunque tenga que hacerlo debajo de un puente. Y para conseguirlo, no puedo quedarme en la televisión...
Se marchó sin mirar atrás, como si de verdad se hubiese arrancado unas cadenas imaginarias.
Las antiguas cortes europeas estaban formadas por personajes pintorescos. En la corte del Hechizado (1665-1700) fue relevante la figura de Eugenia Martínez Vallejo, una de las personas con defectos físicos o psíquicos que formaba un pequeño séquito alrededor de los infantes de España. A Eugenia en concreto se la conocía como La Monstrua. El papel de estas personas en palacio era con frecuencia extraordinariamente valioso; se les buscaba como compañía de los infantes con objeto de amenizar sus juegos ya que su corta estatura procuraba la disponibilidad física necesaria para someterlos a toda clase de diversiones y entretenimientos, además de servir de compañía obediente y fieles lacayos.
Después de esta breve introducción histórica que, como todo el mundo habrá observado, no viene al caso que nos ocupa, pasaremos a comentar la gran final del concurso “quien sale el último se lleva la pasta”, también conocido como Gran Hermano.
Me gustaría poder hablar del ganador con el grado de conciencia analítica que tan meritoria circunstancia se merece pero hoy vengo acusado de un extraño mal. Ayer, mientras contemplaba el desarrollo de la gala, puse en práctica un arriesgado experimento antes nunca realizado. Sabía del peligro que mi psique, de por sí debilitada durante años de programación ponzoñosa, corría bajo aquellas condiciones extremas y, a pesar de todo, tuve la osadía de llevarlo a cabo. Sin riesgo no hay METAMORFOSIS así que inspiré una gran bocanada de aire, cerré los ojos y al abrirlos de nuevo me aventuré a disfrutar de la emisión como cualquier otro asiduo telespectador; creyendo de verdad lo que veía. Me obligué, me forcé a sonreír cuando los sentimientos afloraban; también lloré cuando la historia se ponía dramática. Confié ciegamente en las palabras de Mercedes Milá, cual diosa omnipresente y omnipotente, y acepté lo que el destino había previsto para esa noche. Aparte de lo graciosamente frívolo, cada detalle parecía carecer del efecto adverso que mi corazón sospechaba desde un principio; sin embargo… Cuánto me equivocaba. El experimento ha tenido, aunque aplazadas, terribles consecuencias.
“Cuando mi persona ha despertado esta mañana, luego de un sueño agitado, se ha encontrado en la cama convertido en un Ivanista monstruoso. Estaba echado sobre el quitinoso teléfono y, al levantar un poco la cabeza, ha visto la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas durezas, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo.”
Este ha sido mi primer encuentro con esta espantosa nueva realidad y debo confesar que no me siento demasiado a gusto. He querido pedir auxilio pero temo que en mi entorno nadie comprendería lo que me ha sucedido con la templanza necesaria. Apenas he logrado bajarme de la cama y, como mi corta y limitada movilidad a ras del suelo me impide las mínimas tareas de aseo personal, desde hace horas un extraño olor se ha apoderado de la habitación. Para colmo, persiste el problema de mi cabeza. Iván se ha inoculado en mi cerebro como un extraño virus letal. He intentado pronunciar algún otro sustantivo pero sólo me sale su nombre. He tratado de vocalizar, incluso gritar, pero me resulta del todo imposible. Iván se repite una y otra vez en mi garganta como síntoma de un síndrome desconocido. Hace poco, alguien ha asomado la cabeza por la puerta de mi cuarto y me ha arrojado una manzana que se me ha clavado en la espalda. No me ha importado. Es raro, porque intuyo que me ha causado una herida considerable la cual requeriría una inmediata atención médica; incluso rezuma la pus y el dolor aumenta con el paso de las horas. Sin embargo, yo sólo puedo pensar en Iván; en volver a verle, en su rostro, en su pecho descubierto, en sus botas de vaquero. Mi mente se mantiene conectada al mismo canal que lo ha convertido en mito. Quiero deleitarme en su contemplación, quiero arrastrar mi inmundo cuerpo Ivanista hasta la pantalla de la televisión y acariciarla con una de mis patas cuando su rostro salga en ella… Iván.
Mátame ya.
Miércoles, 14 de Enero, la víspera de GH. Richi, el coordinador de guiones y montajismos de Telecinco, se detiene a saludar a un señor vestido de oscuro y mirada perdida antes de acercarse a su equipo de trabajo. Aquel hecho resulta raro porque Richi llevaba prisa (bueno, los jefes siempre llevan prisa, es una ley natural paleolítica) y nunca se detenía por nada ni por nadie a menos que se tratase de una persona significativa e importante (que pudiese sacarle algún provecho, vamos). Le dedicó dos minutos de charla y una sonrisa desproporcionada la cual daba un poco de grima.
- ¿Sabes quién es ese? - Preguntó Mele, previo codazo en el estómago de Oskítar - ¿A qué no lo sabes?
Oskítar hizo un gesto de desconocimiento absoluto mientras Marisa ponía cara de resignación. Mele le advirtió que se acercase para poder susurrarle un secreto.
- Es el notario de Gran Hermano...
- ¿En serio? - Abrió la boca Oskítar - Pensaba que era un personaje de leyenda...
- Qué va, qué va... Lo que pasa es que tiene personalidad secreta, como Batman - Explicó Mele con orgullo.
- Identidad secreta - Corrigió Marisa, que ya se estaba impacientando - Lo que tiene es identidad secreta...
- Joder, pues eso he dicho, no seas tan toquismoquis - Protestó Mele con su habitual desparpajo - De vez en cuando viene por aquí, entra y sale de algunos despachos... Tú ya me entiendes.
Oskítar asintió pero no entendía nada. Buscó a Marisa con la mirada esperando un poco de claridad de ideas pero ella, que era una experta secretista, se limitó a fingir nauseas situacionales. Toda una treta. Entonces Richi llegó a la mesa pletórico.
- Bueno, ya podéis besarme el culo que traigo información de primera - Anunció, adoptando ese enfásis que ponen los jefes cuando hacen algo por ellos mismos - Liz será la cuarta expulsada de este jueves...
- ¿¿¿Pero por qué??? - Gritó Mele, con la misma desesperación insoportable que le causaba el cartel de "producto agotado" en la máquina de aperitivos - ¿¿¿Por qué ella???
- Hombre, Meléndez, estaba cantado - Respondió Richi, recurriendo a la seriedad que imponen los apellidos completos - Hay que hacer caja en la final, alma de Dios...
- Pero... - Lloriqueaba Mele - Es el año de Obama... ¿Es que eso no le importa a nadie, maldita sea? ¡Hay que ir con los tiempos, joder!
Contra todo pronóstico, nadie creía los argumentos idealistas de Mele. Tal vez fuese porque inconscientemente, mientras hablaba, sus dos manos apretaban unas tetas imaginarias en el aire.
- Vale, recapitulemos - Intervino Marisa, usando su conocido tono de acojonamiento general que luego con tan buenos resultados había popularizado Risto Mejide - La táctica de las broncas en el plató ha tenido una acogida excelente entre nuestros seguidores habituales... La audiencia se mantiene con salud... Incrementos a pesar de la competencia... Si seguimos esta línea, salvamos la temporada...
Mientras hablaba pasaba páginas y páginas. Mele empezó a juguetear con el teléfono móvil. Richi saludó a una secretaria de la segunda planta que pasaba por allí. Oskítar se acordó de aquel trabajo en la carnicería de su tío, aquel verano, hacía 4 años... Qué tranquilos pasaban los días, qué placidez de horario, qué conversaciones sobre las bondades de la carne y las chuletas...
- ¡Eh, tú! - Se enfadó Richi - A ver si pones atención... Quiero ideas.
- Podemos incluir en las peleas a los tres finalistas - Se aventuró Oskítar, siempre tan rápido de reflejos - Que elijan un conflicto y lo hablen con el otro interesado en directo...
- Más, más cosas - Ordenó Richi - A ver si espabilamos...
- Yo creo que Liz debería llevar un gran escote en la entrevista - Añadió Mele - Que alguien avise a las de vestuario...
- ¿Dónde está la lista de los apodos de los concursantes de este año en internet?
- Aquí - Respondió Marisa, casi un segundo después.
- Que la Milá los repita todos - Afirmó, repasando la hoja - Las tres brujas... Este me gusta. Que insinue que Nani es una golfa... Y que diga lo del veneno de Mirenchu y Julito, eso queda muy convincente. Y que se ría mucho con Iván y Almudena; pero que se note que hay buen feeling... Hay que crispar, joder. Como dicen los grandes; necesitamos tensión...
Alzó una ceja, orgulloso de sus decisiones. El equipo era una piña; tres mentes funcionando como una sola. Qué gran satisfacción poder legar su sabiduria de décadas a los más jóvenes...
- Oye, Richi... - Se atrevió Mele.
- ¿Si?
- El señor de antes es el notario, ¿verdad?
Richi se puso serio. Carraspeó y luego se inclinó, antes de susurrar toda la información que tenía sobre aquel hombre.
- No lo comentéis pero, en efecto, es notario - Asintió Richi - Me da la impresión de que es un tío bastante impredecible... Intuyo que ha llevado una vida un poco caótica. Está separado de una tal Macu y, por lo visto, hasta tiene un hijo negro...
Los tres abrieron la boca mientras contemplaban a su jefe con absoluta admiración.
El otro día pudimos asistir al final del duque por duplicado, como tiene que ser. Debería utilizarse este recurso para todo lo que vemos en la tele y así el mundo entero sobreviviría, con total seguridad, doblemente feliz. Pero bueno, esa es otra historia. Aunque Telecinco haría bien en exportar esa idea a GH. Imaginad al día siguiente; cuánta satisfacción, cuánta alegría exportada por doquier entre Ivanistas y Antiivanistas hablando de los justos resultados y de la razón de la audiencia... Cuánta felicidad desperdiciada por empeñarse en seguir la línea temporal de la realidad. Vaya tontería.
Los últimos minutos de "Sin tetas no hay paraíso" sirvieron para hacer confluir la vida y la muerte, el sueño y el destino, el amor y el castigo. Ambos finales son dignos de una serie escrita para contar el amor sin barreras y por encima de cualquier sacrificio. El amor bonito, el bueno, es así. No se para, no se detiene, no duerme, no se calma nunca; puede disimularse pero carcome por dentro como una enfermedad incurable. El amor en su estado puro es tan grande que nada ni nadie importa más que la persona a la que amamos; funciona así, desde el principio de los tiempos.
El duque es tiroteado. El duque cae y recibe más balazos que ensangrentan su pecho. Cata, su amada, acude. Y él reune fuerzas suficientes para rematar al asesino desde el suelo y salvar la vida de su chica. Hasta aquí, todo bien. Creíble. A cualquiera que viva como el duque le puede pasar esto, son los riesgos de ser un delincuente. Te expones a algunos peligros inconvenientes. Desde el sillón de mi casa el duque me da pena, me da rabia. Y eso que no lo conozco de nada. A mi alrededor, algunas mujeres de edades variadas empiezan a gemir con el alma en un puño. El héroe se apaga, el hombre de la voz marinada con carbones y mirada volcánica. El tío de músculos de acero. El macarra fiel a su corazón. Se muere... ¿Y qué hace Cata? 
Catalina se aproxima. Se arrodilla... Y llora. Y es aquí donde las piezas, sin duda, no encajan. Baja la vista y contempla al amor de su vida, el hombre sin el cual ella no puede vivir. Sabe, intuye que se va a acabar, que pueden ser sus últimos momentos, así que derrama lágrimas inconsolables. Al menos, eso es lo que intenta. Pero qué poco llora... Me pareció que no lo quería tanto como decía cuando se quedó allí, estirada, mirándolo desde la distancia. No había desesperación en su expresión, ni desconcierto, ni mejillas turbadas, ni pupilas perdidas. No había gritos, ni chillidos histéricos, ni tirones de pelo, ni aspavientos con los brazos para calmar la ansiedad del momento. No había besuqueo incontrolado, ni la fase de negación psicólogica con la que nuestra mente se defiende de una realidad demasiado horrible para ser aceptada. No hubo nada de esto. Cata se quedó allí, arrodillada, un poquito despeinada, mirando hacía abajo mientras suponía que venía una ambulancia. En algún momento pareció que había atropellado al perro del vecino y lo contemplaba compungida, con un poco de lástima... Animalito.
Yo, la verdad, en el lugar del duque me habría cabreado muchísimo. Hubiese esperado una despedida terrenal tipo "Duelo al sol". También me habría conformado con las lágrimas del niño de ET, cuando hipaba desconsolado porque el bicho de sus sueños se moría. Incluso, en la mayor de las exigencias, hubiese esperado los delirios de Juana la Loca, ver su dolor reflejado en sus carnes, poder comprobar que mi espíritu moribundo se muere también en ella porque de verdad somos un solo ser, un único corazón a punto de romperse para siempre. Pobre duque. Se murió en silencio, sin los alardes que merecía su agitada existencia. Sin ese beso sudoroso, sucio, lleno de lengua y saliva que se dan los amantes antes de separarse para toda la eternidad. Sin los temblores de su chica llenándolo de golpes, sin un estrecho abrazo de impotencia continuada, sin pasión... 
Es difícil sentir el dolor ante las cámaras, pero no imposible. Existen, sin duda, otras míticas escenas; para mí, sólo hay una. He aquí el dolor de la muerte de un ser querido. Escalofriante de principio a fin. Al Pacino, el grito sordo, luego desgarrado, más angustioso de la historia del cine... El Padrino.
Esto se merecía el duque.... Por lo menos. ¿O no?
La misma mesa de Septiembre, esta vez, llena de papeles. Richi, el jefe, se frota las manos por el frío; demasiado tiempo mirando por la ventana. Marisa ha perdido peso, puede que transporte demasiado material entre carpetas de memorias, proyectos y portátil. Qué mujer. Y aún le sobra una mano para tomar apuntes... Mele habla de sus vacaciones navideñas en Bali pero, en realidad, su discurso se pierde antes de llegar a ningún cerebro pensante. Y Oskitar, Oscar para los amigos, lleva días intentando ver la luz. Ideas, ideas, ideas... Quizás debería comer más plátanos. Si los comen los tenistas deben ser buenos para resistir. Y Oskitar está al borde del precipicio.
- Señores; estamos en la recta final - Explicó Richi, con esa solemnidad que usan los jefes para referirse a las grandes obviedades - Quiero ideas. Faltan tres programas... No podemos claudicar ahora.
- Bueno, la ocurrencia de meter a las italianas fue mía - Se jactó Mele, con una sonrisilla que le cerraba casi los ojos - Menos mal que por fin soy escuchado en esta santa casa... Aunque yo hubiese preferido el equipo completo de voley playa. Con este frío, las ponemos a jugar en el jardín y sacamos unos buenos primeros planos de los pezones tiesos dando saltos por el aire, con esos culos, esos pantaloncitos, o los tangas en el jacuzzi... ¿Qué me decís de todas esas macizorras metidas en el jacuzzi? Batimos records, Richi. Si ya lo digo yo siempre. ¿Programa nuevo? Mete tetas... ¿Baja la audiencia? Mete tetas... ¿Contraprogramación? Mete unas buenas tetas... Las tetas son el principio universal de la televisión... De la publicidad... Del mundo...
Marisa se frotó los ojos tras los cristales de las gafas y después suspiró.
- Mele, nunca debiste hacer aquel viaje a Las Vegas...
Oskitar se rió pero Marisa le heló la sangre de un sólo vistazo. En el trabajo ella era inexorable, hasta para bromear.
- Necesitamos algo más - Protestó Richi - Algo con más impacto. ¿Algún escandalo que podamos explotar antes de tiempo? ¿Algún familiar adicto a la coca, algún embarazo que yo no sepa? Y, en el nombre de Cristo... ¿Alguien puede encontrar de una puñetera vez a algún exnovio de Almudena, aunque sea muerto?

Desde tiempos inmemoriales los cuentos se han construido siempre siguiendo las mismas directrices morales. Los personajes encarnaban diferentes arquetipos y se cruzaban por un camino común que terminaba en un enfrentamiento de intereses incompatible; se desencadenaba entonces una lucha, una contienda más o menos legítima cuyo desenlace parecía devolvernos siempre la esperanza por la felicidad, el amor y la vida.
El conflicto entre el bien y el mal es un tema tan antiguo como el hombre. Inmortalidad, energía; da igual el siglo. La tendencia de la naturaleza humana es buscar una razón a cuantos pasos clavamos en el suelo y así, despacio, hemos establecido unas pautas, unos códigos para condenarnos o salvarnos. Los buenos y los malos son obvios, reconocibles y, gracias a ello, la civilización puede seguir adelante.

Hace tiempo escuché a una presentadora con un largo historial televisivo explicar el método de dicción utilizado en los setenta por las de su gremio; afirmaba, orgullosa, cómo la clave del triunfo radicaba en mantener los dientes superiores e inferiores bien alineados y ligeramente separados, pronunciar sólo moviendo los labios y mantener una estupenda sonrisa, la cual era facilitada por la aplicación de algún tipo de vaselina sobre los marfiles. Con la grasa, como todo el mundo sabe, todo resbala mejor. Hasta la felicidad...
La proliferación de canales y medios ha obligado a mejorar estas técnicas expresivas incorporando nuevos conceptos, a cual más atractivo para la audiencia siempre ávida de juicios rápidos. Así, resulta imprescindible que la primera impresión sea impactante y efectiva; cabría destacar las piernas kilométricas de Igartiburu, siempre dobladas de manera magistral y en primer plano, una infinita variedad de pechos estudiadamente sugeridos y dignamente representados por Sonia Ferrer, Marta Fernández o Lourdes Maldonado, los ojos hipnóticos de Helena Resano o los de Raquel Martínez, los labios carnosos de Susana Griso por excelencia y los cuerpos meramente ornamentales, como es el caso de Pilar Rubio o Eva González; qué puedo decir... 
Pero hay algo más. Existe un elemento secretamente explotado que estimula nuestra imaginación y juega con nuestros instintos primarios sin que podamos evitarlo. Desde los Stones venimos adivinando el poder de este órgano mojado y elástico pero nunca, hasta los albores de este siglo, se había normalizado tanto su uso doméstico en pantalla. Y es que la lengua es, ahora literalmente, la nueva reina del proceso de comunicación; por supuesto...
Mi pobre memoria aún recuerda a una jovencísima Britney Spears bailando como una colegiala en su primer "Baby one more time", un éxito sin precedentes en el mundo entero. Todos reconocían que la chica era una promesa, la canción pegadiza, el toque picante de su indumentaria, sus trenzas y hasta sus méritos vocales; pero yo, que soy puramente lineal y suciamente lascivo, por más que examinaba el producto sólo conseguía ver a una menor sacando compulsivamente la lengua hacia la cámara, con premeditación y alevosia morbosa. Ayuda el hecho de que la imagen y el sonido se graban separadamente, claro, porque tales maniobras linguales se antojan imposibles al tiempo de la emisión de fonemas en cualquier idioma. Alentadas por el éxito y, seguramente, por agentes artísticos avizados y debidamente preparados, otras muchas sacaron la lengua con idéntico éxito. La última fue Shakira, en su "Que me quedes tú", donde la colombiana americanizada de rubio platino lame las palabras, una y otra vez, mientras escuchamos la melodía de fondo. Vende, venderá millones, seguro. 
Durante años supe que todo aquel despliegue de saliva no era más que un truco de ficción, un efecto artificioso inexistente en sujetos normales. Pero me equivocaba. Y fue la misma tele la que me mostró, con la naturalidad de los que saben hacer realidad los sueños, que todo es posible...
Mamen Mendizabal. Ella es la diosa, el icono de la dicción sensual. Ella y su cuerpo, ella y su cara pero, sobre todo, ella y su maravillosa lengua, cuya humeda superficie aparece constantemente en mitad de sus dientes como un artilugio provocador a cada segundo mientras continúa un discurso perfectamente entendible. La he observado en infinidad de ocasiones y su extremo deglutor siempre está ahí, visible, acaparando su rostro, presidiendo su elocución, impregnando el espacio donde ella respira, lamiendo todo aquello que alcanza como un gran monstruo sexual. Mamen es la prueba viviente que se puede sacar la lengua y hablar al mismo tiempo; además lo hace sin forzamientos, de manera natural, como si su blanda directriz ambicionase chupar a los televidentes, mojarnos a todos... Y vaya si lo consigue.
Mamen Mendizabal debería presentar en todos los canales, a todas horas, mostrando su lengua. Me hipnotiza, me obnubila, me empequeñece. Frente al espejo he intentado imitar su técnica pero ella es irrepetible. Pruébenlo; entenderán al instante. Oh, Mamen, vuelve. Esa boca tuya se merece un primer plano en Times Square, eternamente chupando. Eternamente moviéndose, eternamente desnuda. Eternamente lengua.
Mantengo cada noche una conversación profunda con ella. Me gusta jugar con mis palabras y, desde mi coraza, encontrar adivinanzas en las suyas. Es todo un reto, estimulante y provocador, antes del sexo.
O puede que eso sea el sexo...
El combate siempre termina en tablas, no pretende ir más allá de la pura diversión y la risa moderada, envenenada, malévola en cuanto al origen de la misma. Nos burlamos a menudo de la vida y de quienes nos rodean con la potestad de los dioses, como si pudiesémos hacerlo. Nadie nos mira así que, supongo, el árbol nunca cae en el bosque... Penetramos en nuestras cabezas, nos analizamos, nos escudriñamos como científicos. La carne está implícita aunque, a veces, no se trata tanto de lo que haces, sino de lo que dices que no vas a hacer todavía. Es bonito tantear, tirar de la cuerda, detenerte. En la mayoría de las ocasiones, parar en seco es el mejor movimiento del mundo.
Hicimos un pacto hace tiempo. No más mentiras. No eran necesarias; ya no. Supuse que reventar los engaños nos salvaría de verdad, una especie de resurrección idílica. Pero algo pasó, algo está cambiando. Ayer descubrí que mi amante me oculta cosas. Existen terceros que yo no conocía y lazos que yo creía rotos siguen intactos. No lo hace deliberadamente; pertenece a su naturaleza insegura y lastimada. Ella vaga por otras lindes y se muestra distinta cuando no estoy, revive esa parte que yo nunca conoceré porque es el otro lado de la luna que siempre miramos.
Heissenberg y su principio de incertidumbre remodelado: Si posees mucho a una persona, jamás podrás conocer su alma liberada de ti.
Ella no me lo cuenta todo, ni me cuenta la verdad de todo. Se muerde la lengua. Se defiende alegando que lo hace porque sabe de mi caracter y mi genio; buena razón, desde luego. Pero yo, ávido de respuestas más interesantes, he llegado a la conclusión de que tiene miedo de mi. No quiere perder lo que existe entre nosotros y por eso me regala los oídos con todo aquello que logra retenerme a su lado. Me intuye volátil; lo soy, pero... ¿Tanto como parezco? Sin duda ha aprendido a manejarme para tenerme contento. Domina el arte de la complacencia. 
La nueva pregunta es cómo me siento ahora. ¿Si ella aprende a ser sincera, podremos seguir como si nada hubiese pasado? ¿Dejará de quererme, o yo a ella? ¿Nos mataremos, nos casaremos, nos repudiaremos? ¿Si ella deja de complacerme, tal y como yo deseo... Ocurrirá precisamente lo que yo no deseo?
La física es tremendamente sabia en estos casos. Dos átomos no pesan lo mismo juntos que separados. Ella y yo... Nuestro enlace es fuerte. Pero... ¿Cuán inestable?
Extrañamente, mi espíritu inquieto no me permite reflexiones templadas ni maduras. Mi naturaleza es terca, irascible e instintiva. Soy, en una palabra, un entrometido insoportable.
Perdóname. Te espero esta noche, como siempre. Para siempre.
Siempre el conflicto. Hasta el más torpe aficionado a la teoría psicoanalítica es capaz de enumerar unos cuantos, anteriores a la pubertad. Superamos el trauma o nos resta puntos mentales de vida, imprescindibles para la convivencia digna con nuestros iguales. Adaptarse o morir...
Luchar o morir.
Palomares no tiene aspecto de haberse dejado muchos de esos traumas en el pozo del olvido. Y, sin embargo, parece uno de los más felices en esa casa de los discursos baratos que es Gran Hermano. Te sonríe moviendo la melena rizada y luego te cuenta lo mucho que ha padecido durante años; al final, no sabes si está loco de atar o es que, después de tanto sufrimiento, es completamente insensible al dolor. Yo, tras meditar hondamente, he llegado a la conclusión de que es una cuestión de fuerza.
Palomares es un hombre extraordinariamente fuerte.
Hace falta valor para ser como uno siente que es de verdad y, además, mostrarlo abiertamente, aún sabiendo que ello nos repercutirá graves perjuicios. Hace falta una especial lucidez para aceptar lo que cada uno lleva dentro y arriesgarlo frente a los demás sin disfraces ni caretas, aún a riesgo de ser despreciado y humillado. Hace falta tener coraje para expresarse y comportarse sin modulaciones sociales ni disimulos, enfrentarse a pelo contra prejuicios y mandamientos, desafiar tipologías y fisionomías; hacen falta huevos como puños. Vaya que sí.
Y Palomares posee estilo propio. Cae bien, se mueve con gracia. Además tiene cara de buena persona. Eligió no meterse en trajines porque siempre ha preferido cantar y disfrutar como los niños, dando patadas en el jardín. Ha superado dificultades mayores que las que suelen discutirse en esa casa de las obviedades sesgadas; él está por encima de cuestiones mundanas. Las personas que han luchado contra corriente desde siempre abandonan los conflictos triviales y levantan la vista hacia el cielo, esperando su luz. Aprovechan el aire y el tiempo. Revierten su energía en la risa y el juego porque saben que lo demás sobra, no importa, está de más.
Es curioso. Por motivos ajenos a mí, esta entrada se ha borrado en dos ocasiones mientras intentaba escribirla. He resumido las ideas principales con el propósito de acabar de una vez. Y resulta de verdad llamativo que dicha contrariedad esté ocurriendo, precisamente, mientras discurro sobre Palomares. Creo que es una señal. Desde algún lugar recóndito algún ser todopoderoso me advierte de cómo se nos resiste a veces la existencia a los tristes mortales. Podría haber pateado el ordenador con todas mis fuerzas. Podría haberlo tirado por la ventana, o machacado con el bate que guardo bajo la cama. Podría haberlo prendido fuego con la gasolina de la moto... En cambio no he hecho nada de eso.
Me he acordado de Palomares. El tío es fuerte. Después de todo lo que ha pasado en la vida nunca partió una sola boca. Sigue sonriendo, inmune al dolor de las heridas. 
Fuera traumas. Yo quiero ser como tú, joder. Yo quiero ser Palomares. Yo quiero tu armadura, tu resistencia, tu optimismo. Canta conmigo... Nunca dejes de hacerlo.
Mi generación es la de la televisión. Nacimos con ella y crecimos bajo su luz cuando solamente sobrevivía durante las horas diurnas. Al llegar la noche, se ajustaba para descansar con aquella carta de colores como despedida. Qué frustrante. Y sus dos canales, la versión bipolar de la vida convertida en electricidad visual, haciéndonos creer que podíamos elegir. Demostrando que siempre existe una segunda opción en la vida. Ahora que lo pienso, era una hermosa enseñanza. Aunque había que aproximarse para que funcionase, presionar el botón grande y plateado que la resucitaba con aquella extraña espiral de reanimación incandescente, en su tubo interior, tras el cristal opaco. El enigma del tubo. Al final, todo es cuestión de tubos...

Mirenchu corta las judías verdes en tiras longitudinales, como mis tías del pueblo. Son de la edad de ella. Se limpian los bordes, se retiran las puntas y luego se rebana cada saco de habichuelas con destreza minuciosa hasta convertirlas en finos hilos antes de cocerlos. Es un trabajo pesado, laborioso y desagradecido; nadie sabe lo que cuesta preparar de esta manera las judías hasta que toca hacerlo personalmente. Como todo en la cocina. Como todo, si me permitís, en la vida.
Yo nunca hubiese limpiado así las judías. Me hubiese limitado a quitar las puntas, trocear y a la cazuela. Mirenchu, no. Mirenchu se anudó el delantal el primer día y, con la mejor de sus sonrisas, se puso a trabajar como si estuviese en su casa, con sus hijos, con sus nietos. Sólo las abuelas de verdad hacen tantas bandejas de croquetas... ¿Alguien sabe lo aburrido y cansado que es hacer croquetas? Yo jamás hubiese hecho croquetas para tantos; menos aún, si ni siquiera sienten cariño por mi. Mirenchu lo hizo; lo hacía cada día. Me pregunto porqué.

Entre los anteriores comentarios encontré un auténtico desafío. Decía así:
"Me gustaría que hicieras un post analizando porqué hay blogs de gran hermano (tipo gato encerrado que de tanta demagogia parece un partido político de derechas rayando el fascismo) que tienen comentarios a raudales y un blog como el tuyo que da gusto leerlo por inteligente y por "sin intención" apenas tiene... ¿qué significa? ¿marqueting viral?¿suerte? ¿morbo? ¿simple estupidez? ... estoy segura que, de la misma manera que analizas a la gente que está ante la cámara, lo puedes hacer con los espectadores y comentaristas... ¿te atreves? (Carmen)"
Después de leerlo atentamente, yo, que toreo de noche esperando la alternativa, podría aventurarme a especular sobre los medios de comunicación, su funcionamiento y su influencia sobre la masa. Afirmar con seguridad que las cadenas de televisión son grandes empresas dirigidas por ejecutivos hambrientos de lograr sus objetivos anuales basados en una buena facturación publicitaria, una hábil gestión presupuestaria apoyada de puntillas sobre producciones baratas pero rentables y un fondo de ayuda a proyectos de amigos y vecinos; ya se sabe, ese dinerito que siempre llega indefectiblemente al mismo grupo de artistas, presentadores y pseudo-floreros de cámara que nunca llegan a demostrar del todo su, a priori, magnífico "talento".
Esas cadenas de televisión poseen brazos y piernas, e incluso cabeza. Las piernas se apoyan en la infraestructura tecnológica y la cabeza es invisible al público aunque, por razones obvias, se lleva la mejor tajada. Y luego están los brazos. Son cientos, miles. Y tocan muchas teclas, escriben muchas partituras, componen muchas canciones y cuentos. Algunos sobreviven atrincherados bajo el estiercol mientras prestan diligentemente sus ideas a los hombres de la cartera, con los que casi no intercambian palabras. Tampoco se entenderían si lo hicieran. Y otros, los menos afortunados, además de vender su trabajo se venden a si mismos.
Encontrarás muchos hombres y mujeres que se han vendido al lugar donde trabajan. Se les llama "hombre-empresa" (o mujer) y es ese individuo que comulga con el ambiente, con los símbolos, con los iconos laborales. Son tipos que jamás protestan, jamás contrastan, jamás destacan porque los valores que persiguen están forjados en el respeto y la fidelidad al que les paga y les mantiene, alimentando su pobre autoestima y favoreciendo su integración total en un grupo que, posiblemente, bajo otras circunstancias, ni siquiera les tomaría en cuenta. Muchas de estas hormigas trabajan escribiendo y opinando. No puedo decirte más porque, en cada caso, habría que escarbar entre el estiercol para ver si alguien respira todavía o si ya no queda más que mierda.

Somos grandes especialistas en GH. Todos sabíamos lo que iba a ocurrir el martes con seguridad absoluta y pasmosa clarividencia. Hasta el interesado, Carlos F, adelantó su futuro exhibiendo la templanza de los senadores romanos antes de beber la cicuta o meterse en un baño caliente tras cortarse las venas; "Carlos", pronunciaba justo antes del drástico desenlace. Si incluso durante los instantes previos mantuvo la sangre fría de indicar a Liz que se situase en medio y así poder, mano con mano, inmortalizar una escena ya mítica e irrepetible. Luego se levantó y sonrió. Este hombre transmite una afectividad poco común cuando sonríe, demasiado transparente. Creo que él lo es por entero... Y es peligroso ser así. Hoy en día aprendemos que hay que guardarse ases en la manga, hay que tener planes b, hay que protegerse las espaldas, hay que tener ojos en todas partes; llega un momento que vamos por la vida como tahures, midiendo las apuestas en cada saludo, en cada estrechón de manos. Nos hemos acostumbrado a jugar; ya lo dice el hegemónico Iván, que es un gran entendido en materia de ataques imprevisibles. Carlos F e Iván son, sin duda alguna, dos personas totalmente distintas.
No se cayeron bien desde nunca, creo recordar. La llegada de Iván solicitando cigarrillos que luego le fueron reclamados de vuelta vislumbró el presagio de una tormenta que no tardó en estallar. La casa rugió porque no se entendieron. La comunicación se destruyó por completo una noche de fiesta toledana (o cántabro-barcelonesa, vete tú a saber) en la que del torpe intercambio de quejas personales pasaron directamente a las amenazas directas. Es duro convivir con alguien con quien no te hablas. 24 horas viendo el jeto de un fantasma no es bueno para la salud. No es fácil para nadie. Iván se desahogaba porque sabe de válvulas de escape, utiliza ese análisis de situaciones que tan buenas dosis de catarsis le proporciona. Pero Carlos F sólo tenía a Gema. Y cuando ella salió el soldador supo que sólo le quedaba la confusión, la desorientación... Y el nihilismo ivanista que después siempre lo ha acompañado, como un nuevo horizonte de vida dentro de la casa.
Mi cabeza es otra caja de los truenos...
Blog de Carmen
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